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Por qué tratar un SIBO o una disbiosis NO es solo “matar bacterias”

Si has llegado hasta aquí, probablemente ya has oído algo como esto:

“Tengo SIBO, me han dado antibióticos o hierbas y una dieta baja en FODMAPs.”

Y parece que ese es el tratamiento completo.

Pero no lo es.

De hecho, pensar que tratar una disbiosis intestinal consiste únicamente en una fase de “erradicación” es uno de los mayores errores que veo en consulta… y también una de las razones principales por las que muchas mujeres recaen.

Vamos a poner orden.


Qué es realmente tratar una disbiosis (y por qué no es tan simple)

Una disbiosis o un SIBO no es una infección puntual.

Es la consecuencia de un sistema que ha dejado de funcionar correctamente.

Y eso cambia completamente el enfoque.

Porque si solo “eliminas bacterias” pero no corriges el terreno donde han crecido, estás dejando la puerta abierta a que todo vuelva a ocurrir.


El gran error: reducir el tratamiento a la fase de erradicación

La fase de erradicación (con antibióticos o fitoterapia) sí forma parte del tratamiento, pero no es el tratamiento completo.

Es solo una pieza.

Y además:

  • No siempre es suficiente

  • No siempre es necesaria en todos los casos

  • Y mal planteada puede incluso empeorar la situación

Aquí es donde muchas personas se quedan a medias.


Entonces… ¿cómo es un tratamiento bien estructurado?

Un tratamiento bien planteado tiene varias fases y pilares que trabajan en conjunto.


1. Fase de intervención (erradicación o control bacteriano)

Aquí buscamos:

  • Reducir la sobrecarga bacteriana

  • Mejorar síntomas (hinchazón, gases, dolor, tránsito)

Puede incluir:

  • Antibióticos (como rifaximina)

  • Fitoterapia antimicrobiana

  • Ajustes dietéticos puntuales

Pero esto es solo el inicio.


2. Fase de reparación intestinal

Una mucosa intestinal inflamada o dañada es terreno fértil para recaídas.

Aquí trabajamos:

  • Integridad de la barrera intestinal

  • Inflamación local

  • Sistema inmune intestinal

Con estrategias como:

  • Nutrientes específicos (glutamina, zinc, butirato…)

  • Alimentación antiinflamatoria

  • Regulación digestiva


3. Fase de modulación de la microbiota

Aquí es donde muchas intervenciones fallan.

No se trata solo de “añadir probióticos”, sino de hacerlo con un objetivo claro:

  • Reducir hinchazón

  • Mejorar tránsito

  • Modular sistema inmune

  • Competir con bacterias oportunistas

No todas las cepas sirven para todo.

Elegir mal un probiótico puede:

  • No hacer nada

  • O incluso empeorar síntomas


4. Fase de mantenimiento

Porque sí: el objetivo no es mejorar unas semanas.

Es sostener resultados.

Aquí se trabaja:

  • Flexibilidad metabólica

  • Tolerancia digestiva

  • Diversidad alimentaria

  • Estabilidad de la microbiota


Lo más importante: tratar la causa (no solo el síntoma)

Si no abordamos la raíz, el problema vuelve.

Y aquí es donde un tratamiento realmente marca la diferencia.


Algunas causas frecuentes:

  • Estrés crónico (impacto directo en el nervio vago y la motilidad)

  • Hipoclorhidria (baja producción de ácido gástrico)

  • Alteraciones hormonales (estrógenos, glucosa, tiroides...)

  • Uso de medicación (IBPs, antibióticos, anticonceptivos…)

  • Infecciones previas o gastroenteritis

  • Traumas o desregulación del sistema nervioso

  • Alteraciones anatómicas como suelo pélvico


El pilar olvidado: sistema nervioso y conducta

Esto es clave, y rara vez se explica.

Un intestino no funciona bien si el sistema nervioso está en alerta constante.


Por eso es imprescindible trabajar:

  • Regulación del sistema nervioso (tono vagal)

  • Gestión del estrés (emocional y físico)

  • Relación con la comida

  • Ritmos (sueño, horarios, descanso)

Porque el intestino no solo digiere comida.

También responde a cómo vives.


¿Y la dieta FODMAP?

La dieta baja en FODMAPs puede ser útil…

Pero no es para todo el mundo, ni para siempre.


De hecho:

  • Puede empeorar la diversidad bacteriana si se mantiene mucho tiempo

  • Puede no ser adecuada en ciertos perfiles

  • Debe ser una herramienta puntual, no una solución permanente


Entonces… ¿cuánto dura un tratamiento real?

La respuesta honesta es:

Depende.

Pero lo que sí está claro es que:

Un tratamiento bien hecho no dura 2 semanas.

Hablamos de un proceso progresivo donde:

  • Se interviene

  • Se repara

  • Se modula

  • Se consolida


Conclusión

Tratar un SIBO o una disbiosis no es eliminar bacterias.

Es restaurar un sistema.

Y eso implica:

  • Microbiota

  • Digestión

  • Sistema nervioso

  • Hormonas

  • Estilo de vida

Cuando entiendes esto, dejas de buscar soluciones rápidas…y empiezas a construir resultados duraderos.

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